Pocas historias muestran mejor el vínculo entre la salud animal y la humana que la de la vacuna antirrábica. Antes de probarla en una persona, Louis Pasteur la había desarrollado y ensayado en perros, la especie que transmitía la enfermedad al ser humano.
Un niño, un perro rabioso y 60 horas
El 4 de julio de 1885, Joseph Meister, un niño de 9 años de Alsacia, fue atacado por un perro rabioso y sufrió 14 mordeduras. Su madre lo llevó a París para buscar a Pasteur. El científico enfrentaba un dilema: su vacuna nunca se había aplicado en humanos y él no era médico, sino químico. El 6 de julio, unas 60 horas después del ataque y con dos médicos presentes, se aplicó la primera inyección.
Trece inoculaciones
Durante tres semanas, Meister recibió 13 inoculaciones con preparaciones de virulencia creciente, obtenidas a partir de médula espinal de conejos infectados y desecada. El niño sobrevivió sin desarrollar la enfermedad y, años después, trabajó durante décadas en el Instituto Pasteur, fundado poco después gracias al impacto internacional del caso.
Un legado que sigue vigente
La rabia sigue siendo prácticamente mortal una vez aparecen los síntomas, y la mayoría de los casos humanos en el mundo provienen de mordeduras de perro. Por eso la vacunación de perros y gatos sigue siendo la estrategia más eficaz para proteger a las personas, un principio que se resume hoy en el enfoque Una Salud: cuidar a los animales es también cuidar a la población.
Fuentes
- PBS NewsHour: Louis Pasteur’s risky move to save a boy from almost certain death
- Institut Pasteur: History
Imagen destacada: Cardon, Paul (dit Dornac ou Paul (ou Pol) Marsan) (Paris, 06–01–1858 – Paris, 10–01–1941),, CC0, vía Wikimedia Commons.
Last modified: 2 octubre, 2026